Nuestra Historia

Era el mes de enero del año 1963, siendo párroco de San Jerónimo en Coatepec, viendo las necesidades de las niñas y niños pobres que abundaban en la población, tuve la idea de ayudarles con su educación mediante la fundación de un colegio a nivel primario. Se trataba de una fundación que les diera educación de calidad con carácter gratuito, sobre todo para ayudar y aligerar las pesadas cargas económicas de las familias pobres.

Siempre escuché al Señor Guízar decir: "Quien siembra buena semilla en los niños, cosechará mañana cristianos y ciudadanos dignos del Reino de los Cielos".

Por ello, el 13 de enero del año 1963, reuní a un grupo de feligreses de mi parroquia, para formar un patronato que se encargara del proyecto de la fundación de una escuela primaria para los pobres. Inmediatamente la Química Imelda Monge Peredo, con Rita Todd de Rodríguez, Isabel Aguirre Vda. de Garrido, Eduardo del Campo, el Profesor Miguel Ángel Rodríguez Peralta y el Dr. Abel Cuevas Servín, se pusieron a mi disposición para integrar la organización que haría frente al proyecto.

La junta parroquial se dio a la tarea de rentar una casa ubicada en la calle Cuauhtémoc No. 12, en Coatepec, y los gastos de la renta los cubrían las asociaciones parroquiales. Un señor de nombre Carlos Luna, junto con Don Juan Cuevas Alva, se dieron a la tarea de conseguir madera y hacer los primeros bancos para los alumnos del naciente colegio. Se iniciaron los trabajos con un grupo de niños y niñas de primer grado, a los que pusimos por separado y se hicieron así dos grupos, a los cuales se unió otro de segundo año, de alumnos que habían interrumpido estudios por falta de recursos económicos en sus familias. El 4 de febrero de 1963, fue el primer día de clases y recuerdo como si fuera ahora, al Dr. Abel Cuevas, inscribiendo afanoso a los primeros alumnos.

Los alumnos llegaban descalzos, sin desayunar, con los rostros marcados por la desnutrición a causa de una deficiente alimentación. Sus ropas eran remendadas y muchos padecían enfermedades gastrointestinales. Por ello, los fieles que me ayudaron con el patronato inicial, tuvieron la acertada idea de integrar un equipo al que llamaron "Brigadas Juveniles de Ayuda Social", con la finalidad de colectar dinero y alimentos para dar desayunos a los alumnos fundadores de este colegio, los cuales provenían de familias verdaderamente necesitadas.

Recuerdo entre otros a Irma Monge Peredo, siendo como siempre cabeza del grupo; a María Luisa Melo Torres, Irma Melo Torres, Samuel Melo Torres, Julia Sánchez Hernández, Blanca Pale, Hernando Villamata, Héctor Rodríguez, Virginia Rebolledo, Ángeles Pozos, Clara Eugenia, Roberto Hernández Castaños, Gilberto Olvera Segovia, Elsa Tejeda y Laura Rebolledo Méndez. Todos ellos, se dieron a la tarea de comprar pan, leche en polvo con chocolate y otros alimentos, con la finalidad de abatir el hambre en los pequeños alumnos de nuestro naciente colegio.

El día 27 de febrero de 1963, la Secretaría de Educación Pública en México concedió el registro y el oficio de incorporación al Sistema Educativo Mexicano de este nuevo plantel. Ese día, celebramos una misa de acción de gracias a la Divina Providencia, porque las puertas se habían abierto y el proyecto caminaba por buen rumbo. Como el lugar de inicio no era suficiente para la fundación del colegio, Don Roberto Hernández Domínguez, acondicionó unos salones junto a su domicilio particular en la calle Arteaga No. 11donde temporalmente funcionó el colegio. El 8 de agosto de 1964 se constituyó legalmente el patronato, el cual funcionó con dos Asociaciones Civiles: "Progreso Cultural A.C." e "Impulsora Educativa A.C. "Para entonces, Don Samuel Melo Torres, hacia cabeza de todos esos ajustes y trabajos. Allí laboró la escuela por un tiempo. Más tarde, dos feligreses: Don Remigio Ronzón y Don Jesús Gómez, me ofrecieron un terreno en la esquina de Javier Mina y Quintana Roo, y allí se proyectó la construcción de un edificio propio para la fundación. Coincidentemente, se encontraba hospedado en la Antigua Hacienda de la Orduña, propiedad de Don Rafael Murillo y Doña Laura Paniagua, el Eminentísimo Señor Cardenal, Don Eugenio Tisserant, quien había venido a Xalapa a bendecir el nuevo edificio del Seminario, que estrenaba nuestro amado pastor, Don Manuel Pio López Estrada, y como el Señor Cardenal, estaba hospedado en territorio de mi jurisdicción parroquial, lugar donde se encontraba la Hacienda, fue invitado por el Arzobispo para que él colocara la primera piedra, de lo que sería el edificio propio del colegio; fue el día 25 del mes de agosto de 1964. Firmaron como testigos del acto: Juan Mateu Bencomo, Eduardo Moreno Dauzón, Antonio Pérez Galván, Hortensia G. de Amorós, René Monge Peredo, Santiago Todd, Máximo Pérez, Leopoldo Blásquez, Heraclea Torres, Dolores G. de Armand, Miguel Cervantes, Cesáreo Gómez, José María Bonilla, Rosa María G. Martínez, Amanda Gómez, Silvano Bonilla, Antonio Melo, Francisco Rodríguez García, Ana María Rodríguez y Roberto Hernández Domínguez.

Ya estábamos iniciando el acarreo de materiales de construcción para la obra, cuando nuevamente la Providencia de Dios nos dio una grata sorpresa. El Dr. Sánchez de Coatepec, vendía una céntrica casa ubicada en la calle Jiménez del Campillo No. 13, era grande, espaciosa, con muchos salones, un gran patio central y tejados color ocre al estilo Coatepec. No teníamos dinero para comprarla, pero representaba una buena opción por la ubicación y sobre todo porque ya estaba construida. Entonces el Sr. Roberto Hernández Domínguez, prestó la suma que costaba el inmueble y el dinero se le fue pagando poco a poco, con venta de antojitos y fiestas de coronación de reinas que se hicieron durante un tiempo hasta completar la cantidad prestada. El traslado del colegio a este sitio, se hizo en el mes de noviembre del año 1966. Sabía que el Señor Guízar intercedía desde el cielo por esta obra, y que, por ello, la mano de Dios no nos había dejado. En poco tiempo habíamos avanzado mucho y la escuela crecía a pasos agigantados.

En el año 1969, salió la primera generación de egresados de esta escuela con el lema que desde su fundación rige al colegio: "Por Dios y por la Patria". Pero ése mismo año, el nuevo Arzobispo de Xalapa, Don Emilio Abascal Salmerón, me llamó para pedirme que dejara mi querida parroquia de Coatepec y me trasladara a Xalapa. Mi nuevo destino sería la Catedral Metropolitana, pues me nombraba miembro del Cabildo Catedralicio con el encargo de ser Canónigo Penitenciario. Me fui de Coatepec con tranquilidad, paz, gusto, alegría y con la satisfacción de haber ayudado con la fundación del Colegio México, a la educación de los niños pobres, así como de otros niños y niñas, que querían también por voluntad de sus padres, formar parte de las filas de la institución, para recibir educación humana de calidad y formación en los valores cristianos y humanos. Recordaba siempre lo que el Señor Guízar nos decía: "Quien siembra buena semilla en los niños, cosechará mañana cristianos y ciudadanos dignos del Reino de los Cielos".